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Gibara, La Villa Blanca de los Cangrejos

Gibara, La Villa Blanca de los Cangrejos
La Virgen de la Caridad en la Bahia

jueves, 13 de enero de 2011

Gibara agradece por el Padre Angel Andrés, Párroco Iglesia San Fulgencio


Barca que condujo la Imagen de la Virgen de la Caridad,
al fondo la Silla de Gibara como testigo mudo,
disfrutando la alegria de su pueblo en la lejanía.
GRACIAS

 
Aún cuando, normalmente, el sol está saliendo más temprano, el miércoles 12 de enero no lo hizo hasta que la imagen de la Virgen tocó el muelle de la Villa Blanca. Los fieles de la comunidad habían adornado el barco y la plaza que se conoce como “Teatro del pueblo”, pero estos adornos no bastaban; Dios, que ya había hecho una de las bahías más bellas del mundo, se encargó de teñir el cielo de dorado para la ocasión. Y hasta se reservó una suave ráfaga de viento para el momento de la paz, la que se dieron los gibareños entre lágrimas de alegría y esperanza.


Lo que tanto habíamos esperado sucedió. Fuimos anfitriones de una visita muy especial: la Virgencita de la Caridad, la que hace cuatro siglos llegó a esta isla por una bahía vecina, ahora vino a este pueblo precioso de Gibara por el que fuera uno de los puertos más activos del Oriente y del cual hoy solo permanece el recuerdo.



Una plaza llena, un malecón convertido en una enorme ristra humana y un barco que se acerca con una bandera ondeando, diez “juanes” y una Virgen Mambisa: Es todo el guión que hay preparado para vivir los minutos de mayor impacto en la historia local, desde hace unos cuantos años.
Dos veces, en los momentos de espera hubo contacto telefónico entre el barco y la plaza. ¡Qué emoción! Rezamos juntos el Ave María, los que estábamos en tierra y los que venían por el mar. Una vez más la tecnología al servicio del bien.


Comienza el desembarco, los cuatro hombres cargan las andas con la imagen y
entran a la plaza dispuestos a ver saltar lágrimas
hasta de los ojos que nunca se imaginaron.


Globos agitados, pañuelos de colores como la enseña nacional, palomas al vuelo y muchas, muchas manos cruzadas juntas sobre el pecho como en gesto de acogida interior, de pertenencia.


Una celebración exquisitamente preparada: palabras de entrega de la imagen por parte del párroco de Fray Benito, evangelio de la Anunciación, conmovedor mensaje catequético, peticiones que incluyeron la de los gibareños ausentes, himno nacional como oración por Cuba, y como colofón, el abrazo de paz sin barreras. Una fiesta para Gibara, un día de sonrisas para la Madre, que goza con el encuentro de sus hijos.


Después, el recorrido por las comunidades de Bocas, Candelaria, Santa María y Cantimplora: diversidad de gestos y emociones, caminos y templos abarrotados, deseos de todos de ver a la Madrecita, de expresarle el amor, de agradecerle y de pedirle.

De nuevo en la Villa. Parque lleno de velas encendidas, niños vestidos típicamente cubanos, un templo majestuoso iluminado más que nunca y un verdadero mar de pueblo que otra vez entra a María entre las olas, esta vez de sus brazos y manos alzadas para expresar el amor.

Sentida eucaristía que preside el Obispo, palabras sencillas y claras. “La madre siempre está y aunque no haga, hace”. Luego se sirve la mesa del Pan de Vida y se termina con el canto del ¡Viva Gibara!, himno de la Villa, con una fuerza que sale del alma, conmoviendo a todos.

Vigilia nocturna y amanecer de oración con las familias. Entrando la mañana la música deja de ser grabada para escuchar el llanto y la risa de ochenta nuevos hijos para la Iglesia, acompañados de sus padres y padrinos.


De extremo a extremo, ahora son los abuelos. La Virgen va a verlos al Hogar. La calle está llena y cuando el panel se coloca frente al asilo, los abuelitos son ayudados a salir con sus bastones, en sillas de ruedas o tomados de las benditas manos de otros. Intercambio de miradas entre la madre y sus hijos mayores. Ternura.

De vuelta al templo en espontánea procesión. Al paso se unen cada vez más personas. La calle Independencia se convierte en un gran pasillo adornado con dos filas de personas, la mayoría trabajadores de las instituciones y comercios que están en ella. Aplausos de los tabaqueros y hasta trabajadores del Poder Popular corren a verla. La madre nos hace falta a todos.


El templo se llena de batas blancas a la hora de bendecir a los trabajadores de la salud. Jesús es médico del cuerpo y del alma. También es el Maestro, escuchan los educadores en su celebración. Las embarazadas le piden a la Virgen un parto feliz. Los enfermos y las familias de los presos también tienen su espacio. Pero los que ocupan más que su espacio son los niños, que desbordan la iglesia con su presencia. Cierran la tarde los adolescentes y los jóvenes.

Finalmente, la Misa de despedida, presidida por el Obispo Emérito. Palabras desde el corazón. Alegría. Invitación del párroco a guardar todo lo vivido en el corazón, pero a guardarlo como María, para ser mejores y para servir mejor. Cantata del coro parroquial para cerrar con broche de oro. “Lo que quiero es Virgen de la Caridad”.


En Gibara no se habla de otra cosa. Hay pueblos, cuyos hijos tienen pocas oportunidades para ser felices. Gibara, con la Virgen, ha sido y es feliz.
Y Gibara agradece:
A los obispos de Cuba, por esta idea de la Peregrinación.
A la Iglesia toda, por darnos la fe.
A la gente buena que aquí o en los muchos “allá” sintieron y vivieron lo mismo.
A Dios, porque nos ama.
A la Caridad, porque nos une.
Desde ahora, ya no es lo mismo.


Gibara, 14 de enero de 2011

Bahia de Gibara

Bahia de Gibara
´´Dios, que ya había hecho una de las bahías más bellas del mundo, se encargó de teñir el cielo de dorado para la ocasión´´.

Palabras del Padre Angel Andrés, Párroco de la Iglesia San Fulgencio, refiriéndose al amanecer del 12 de enero del 2011, en la Bahía de Gibara, donde el pueblo esperaba con alegría la llegada de la Virgen de la Caridad en su peregrinar por la Isla de Cuba.

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